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Algunos de los oficios tradicionales han provocado auténticos sellos distintivos de los lugares de creación y origen, dando lugar a centros de exportación de renombre internacional. Así ocurre, entre otros casos, con la bisutería menorquina, extendida a lo largo de toda la isla formando una organizada red de talleres.
En este mismo sector destaca la comarca de Manacor, en Mallorca, cuyas perlas manufacturadas gozan de prestigio mundial. Sin salir de esta isla, uno de sus elementos artesanales más característicos y apreciados es el denominado siurell, efigie de barro coloreado.
Un municipio mallorquín, Marratxí, es conocido como 'la tierra del barro' por la omnipresencia de los talleres artesanales que usan este material. Tejidos y bordados componen otro de los sectores más pujantes. La gama va desde las tradicionales robes de llengües, telas estampadas muy habituales en las casas mallorquinas, hasta la moda ad lib ibicenca, surgida de la libertad, el cosmopolitismo y la tolerancia. Este breve recorrido por el mundo de la producción hecha a mano no puede cerrarse sin una referencia a la tradición de la piel y el calzado.
El centro de Mallorca, al igual que lugares como Ciutadella, en Menorca, son irradiadores de creatividad y buen gusto en esta materia. Por último, sería imperdonable olvidar la artesanía del vidrio, un arte cuya elaboración el viajero puede admirar en los mismos talleres. |



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